Editorial
Las tensiones geopolíticas, así como guerras y conflictos armados alrededor del mundo, interrumpen el suministro de alimentos y combustible, devalúan las monedas y elevan el precio de los alimentos. La vida cotidiana se convierte en una lucha para millones de personas, ya que los alimentos y otros productos básicos se vuelven cada vez más inaccesibles. Sin embargo, en medio de esta fragilidad, somos testigos de la resiliencia y el papel fundamental que desempeña la distribución comunitaria de alimentos, a través de mercados de productos frescos o de las vendedoras y vendedores ambulantes. Para quienes viven en zonas de conflicto, la economía informal ha sido durante mucho tiempo un salvavidas, la principal fuente de alimento y sustento.
A pesar de que las cadenas de suministro y las infraestructuras de mercado formales se estremezcan bajo la presión de la guerra, los sistemas locales suelen persistir, incluso cuando la violencia transforma las condiciones bajo las que operan. Estas crisis a menudo dan lugar a estructuras económicas alternativas para garantizar las necesidades básicas, especialmente de alimentos, fomentando así un cambio hacia redes de distribución locales y reduciendo la dependencia del comercio mundial.
En medio de los violentos ataques israelíes en Líbano, un proyecto de producción de mouneh (conservas) del valle de Bekaa envía cestas de alimentos a las comunidades desplazadas del sur del Líbano. Cada cesta se prepara cuidadosamente con una mezcla de huevos, pan, nísperos, limones, aceite de oliva, keshek (un alimento fermentado hecho con yogur y trigo partido), za'atar (tomillo) y otros productos esenciales para garantizar que las comunidades desplazadas puedan seguir recibiendo una nutrición adecuada.
En Palestina, las mujeres han dedicado décadas a gestionar cooperativas agrícolas y a cultivar huertos de la victoria en azoteas. Las verduras que siembran y las vacas lecheras que crían no solo sustentan a sus familias y comunidades, sino que también contribuyen a las acciones políticas contra la ocupación israelí. En las calles de Karachi, Pakistán, los personas que venden alimentos se adaptaron a las recurrentes interrupciones del transporte causadas por las huelgas, utilizando bicicletas y otros sistemas de reparto comunitarios para mantener la distribución de alimentos. Mientras tanto, en Sudán, a medida que la guerra civil destruía los mercados formales, las comunidades crearon economías de trueque donde se intercambian semanalmente productos esenciales como okra, frijoles, sorgo, kisra y jabón sin necesidad de dinero. En otros lugares, incluso en ciudades devastadas por la guerra, han surgido mercados temporales gestionados por comerciantes, a pesar de la falta de electricidad, instalaciones de almacenamiento o básculas fiables.
Tales acciones, en contraste con la volatilidad de las cadenas de mercado globales, demuestran el poder y la resiliencia de los sistemas alimentarios equitativos, que son menos vulnerables a las crisis geopolíticas, y que ofrecen a sus residentes la esperanza de reconstruir sus vidas desde las ruinas.
En esta edición del Boletín de Supermercados, compartimos experiencias de vendedoras y vendedores ambulantes en Ucrania, de cocinas comunitarias en Sudán y de una red de fincas en Myanmar que ha demostrado su capacidad de adaptación para mantener el suministro de alimentos para sus comunidades en medio de guerras y conflictos continuos.
Por el mundo
Distribución local de alimentos en zonas de conflicto: la experiencia de las cocinas comunitarias en Sudán
Foto por Ozone Jeydin Desde abril de 2023, Sudán se encuentra inmerso en una de las crisis alimentarias más graves del mundo. El conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido ha destruido los mercados locales, interrumpido las cadenas de suministro y desplazado a millones de personas. A finales de 2024, casi 24.6 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria aguda, prácticamente la mitad de la población encuestada. ¿Quién alimenta a la población cuando los mercados colapsan, las cadenas de distribución comercial dejan de funcionar y la ayuda internacional tiene dificultades para llegar a las zonas afectadas?En Sudán, la respuesta provino de las propias comunidades.
Las Salas de Respuesta a Emergencias (ERR, por sus siglas en inglés) tienen su origen en los Comités de Resistencia que organizaron la revolución de 2018-2019. Ante la guerra, estas redes de activistas redirigieron sus esfuerzos hacia la asistencia alimentaria de emergencia. Ya en 2025, las ERR estaban compuestas por aproximadamente 737 organizaciones locales en los dieciocho estados del país, movilizando a casi 26 mil personas voluntarias. A finales de 2024, habían brindado asistencia directa a más de 11.5 millones de personas en zonas donde ya no operaban supermercados, grandes cadenas minoristas ni otros comercios.
Su iniciativa más emblemática fueron las takayas, o cocinas comunitarias, inspiradas en la tradición sudanesa de solidaridad colectiva (nafeer). Estas cocinas preparan y distribuyen comidas diariamente a personas desplazadas, de la tercera edad y en alta vulnerabilidad, así como a familias sin ingresos. Inicialmente funcionaron gracias a las contribuciones de residentes locales y al apoyo de la diáspora sudanesa; sin embargo, tras demostrar su eficacia en campo, su financiamiento pasó a depender cada vez más de donantes institucionales internacionales como segundo pilar, en particular de USAID.
Lo que las distingue radicalmente de los sistemas de distribución comercial que suelen dominar el acceso a los alimentos es su lógica fundamental: los alimentos no se tratan como una mercancía cuyo acceso depende del poder adquisitivo. Se tratan como un bien común, cuya distribución se basa en el reconocimiento colectivo de una responsabilidad compartida hacia cada miembro de la comunidad. Sin precios, sin márgenes de ganancia, sin intermediarios que buscan su propio beneficio: solo solidaridad organizada.
Las mujeres realizan la mayor parte de este trabajo: preparar comidas, gestionar suministros, organizar la distribución y apoyar a las familias vulnerables. A pesar de ello y como cruel paradoja, los hogares encabezados por mujeres tienen casi tres veces más probabilidades de sufrir inseguridad alimentaria que los encabezados por hombres. Sin embargo, son estas mujeres quienes mantienen vivo el tejido social allí donde las redes comerciales han desaparecido. El surgimiento de las Salas de Respuesta para Mujeres —estructuras creadas para atender las necesidades específicas de mujeres y niños en términos de alimentación, protección y apoyo psicosocial— pone de relieve una realidad que los sistemas alimentarios dominantes ocultan sistemáticamente: la distribución de alimentos depende de un trabajo de reproducción social en gran medida invisible, realizado principalmente por mujeres, cuyo valor nunca aparece en ningún balance general de ningún supermercado.
A pesar de su eficacia, estas iniciativas siguen siendo estructuralmente vulnerables, y ahí reside la contradicción más llamativa. Para marzo de 2025, casi el 80% de las cocinas comunitarias de emergencia habían cerrado como consecuencia de los recortes en el financiamiento internacional, que la diáspora y las contribuciones locales no pudieron compensar. Y así, decisiones tomadas en oficinas lejanas bastaron para cortar la única fuente de alimentos para millones de personas. Las comunidades que habían logrado construir lo que los mercados y los Estados no habían podido proporcionar —sin recursos y bajo bombardeos— dependían precisamente de la misma lógica de financiamiento externo que intentaban eludir.
Las cocinas comunitarias sudanesas plantean una cuestión que trasciende el contexto del conflicto: ¿Quién se encarga de la distribución de alimentos? ¿Son las grandes cadenas minoristas que concentran el poder adquisitivo, fijan los precios y deciden qué está disponible, dónde y para quién? ¿O son las propias comunidades, que conocen sus necesidades, recursos y redes de solidaridad? La experiencia de las takayas demuestra que es posible un sistema de distribución alternativo, basado en el conocimiento local, la participación de las mujeres y el principio del bien común más allá del lucro. Financiar directamente estas capacidades organizativas significa priorizar la justicia alimentaria sobre la concentración del poder de distribución. Al fin y al cabo, se trata de una decisión política.
Las cocinas comunitarias sudanesas no son simplemente un mecanismo de supervivencia ante la guerra. Demuestran que las comunidades de base pueden crear sus propias instituciones cuando las estructuras estatales y de mercado ya no satisfacen las necesidades básicas. En este sentido, representan no solo una respuesta humanitaria, sino también un experimento de gobernanza alimentaria basado en el contexto local y las necesidades de la propia población.
Por Souad Mahmoud, Alianza por la Soberanía Alimentaria – MENA (ASA-MENA)
Comerciantes de alimentos en Ucrania en la encrucijada de la resiliencia de las cadenas de suministro
Venta ambulante junto a coches calcinados en un mercado de Kiev destruido por un ataque ruso Ucrania viene padeciendo una invasión rusa a gran escala desde febrero de 2022. La violencia de la guerra ha sido extremadamente perjudicial para las cadenas alimentarias, entre otras infraestructuras. En este contexto, los sindicatos y quienes representan a las personas vendedoras ambulantes y de los mercados han encontrado maneras de sostener las cadenas de suministro, aprovechando su flexibilidad y conocimiento del territorio local. El apoyo de los sindicatos ha sido un factor clave durante la guerra, para respaldar a las personas trabajadoras y proporcionar ayuda humanitaria esencial. A continuación, Nataliya Levytska, presidenta interina de la Confederación de Sindicatos Libres de Ucrania, comparte la experiencia de su organización.“Durante las primeras semanas de la invasión rusa del 24 de febrero de 2022, muchos supermercados y centros de distribución se vieron obligados a cerrar debido a las hostilidades, la destrucción de infraestructuras o la imposibilidad de entregar mercancías. A finales de marzo de 2022, aproximadamente el 21% de los supermercados había cerrado, aunque las principales cadenas minoristas reanudaron gradualmente sus operaciones durante los meses siguientes. A diferencia de las grandes cadenas minoristas, que dependen de una logística y distribución centralizada, los pequeños comercios pueden adaptarse rápidamente utilizando redes mayoristas informales y relaciones comerciales personales. Muchos obtienen sus productos directamente del campesinado, procesadoras de alimentos locales, pequeños almacenes o contactos de confianza en otras regiones, lo que les permite sortear la interrupción en los canales de suministro.
Las cadenas de suministro más cortas contribuyen a la disponibilidad de alimentos, pues productos básicos como verduras, leche o pan se pueden adquirir directamente del campesinado local. Las rutas locales han permanecido accesibles incluso cuando los centros logísticos se han visto interrumpidos por operaciones militares.
Las pequeñas empresas también han podido adaptar rápidamente su gama de productos, vendiendo los artículos que hay disponibles físicamente en lugar de mantener el surtido estandarizado que exigen las grandes cadenas de supermercados. Muchos recurren a sus propios vehículos o a redes de transporte informales para recoger y distribuir los productos, lo que les permite superar los obstáculos logísticos con mayor eficacia que las grandes cadenas de minoristas.
Las personas vendedoras se han coordinado con las autoridades locales y las comunidades para mantener el suministro de alimentos en las ciudades sitiadas o que habían sido liberadas recientemente.
El Sindicato Libre de Emprendedores de Ucrania inició sus actividades de ayuda humanitaria con el apoyo de colegas de todo el mundo. El sindicato distribuyó paquetes de alimentos y ayudó a evacuar a las personas que huían de las regiones del frente de guerra.
Destrucción de mercados
Los mercados no se han librado de esta guerra. Los lugares de trabajo de personas vendedoras y emprendedoras también se convirtieron en objetivos de las fuerzas rusas. El mercado de Barabashovo en Járkov era uno de los más grandes de Europa del Este. Desde 2022, debido a los bombardeos y disparos selectivos del enemigo, la mayoría de los pabellones comerciales de este complejo de mercado al aire libre han quedado completamente destruidos. Los miembros del Sindicato Libre de Emprendedores de Ucrania perdieron los puestos de trabajo que tenían allí. La destrucción continuó hasta hace muy poco. El 25 de mayo de 2026, el mercado de Lukyanivskyi (Kiev) también fue alcanzado. En junio de 2026, un ataque ruso destruyó la mayor parte de los puestos del mercado de libros de Pochaina (Kiev). La bolsa de valores y el centro comercial Kvadrat junto a este también sufrieron graves daños por un ataque con misiles ese mismo mes.
Las personas vendedoras de la calle y comerciantes informales carecen de protección y refugio contra los bombardeos y, por lo general, no tienen otra fuente de ingresos; por lo tanto, se ven obligadas a seguir vendiendo incluso en las condiciones más extremas. El impacto psicológico también ha sido enorme: el estrés de la incertidumbre económica se suma al peligro físico constante.
El papel de los sindicatos
La resiliencia ha sido el resultado de la cooperación entre los sectores formales e informales, las comunidades locales y personas voluntarias. Y, por supuesto, las organizaciones de personas trabajadoras.
“Los sindicatos se han centrado principalmente en proteger los derechos laborales de las personas trabajadoras del sector minorista, así como en brindar asistencia humanitaria a su membresía, apoyar a las personas desplazadas internamente y movilizar la solidaridad internacional y la ayuda humanitaria”, concluye Levytska . “Si bien han desempeñado un papel menos directo en la organización del comercio como tal, los sindicatos han contribuido a mantener la resiliencia de las personas trabajadoras y las comunidades afectadas por la guerra”.
Las voces de la membresía de StreetNet
Leonid Tonkovyd, subdirector del FTUEU (Sindicato Libre de Emprendedores de Ucrania), organización afiliada a StreetNet en el país, también compartió su experiencia desde el frente. “Los esfuerzos de los pequeños comercios y sindicatos para entregar alimentos a las zonas del frente y los territorios ocupados están asociados con riesgos extremos. Ejemplos como estos ocurren en todo el país. Mientras estaba en una misión de entrega de alimentos, la jefa de la FTUEU, Valentyna Korobka resultó herida por una explosión. En la región de Jersón, varias personas voluntarias fueron sorprendidas por disparos mientras repartían pan. En Cherihiv, un vendedor local continuó suministrando carne a diversas aldeas, corriendo un gran riesgo personal incluso ante la violencia de la ocupación”.
Por StreetNet
Red de Agroecología de Myanmar: alimentando a las comunidades en tiempos de crisis
Una de las veinte pequeñas explotaciones agrícolas que colaboran con V-farm para suministrar verduras ecológicas a los consumidoresCinco años después del golpe militar y la guerra civil en curso, Myanmar celebró sus elecciones a principios de 2026. Sin embargo, este largo retraso en los comicios no significa que el país y su población hayan alcanzado la estabilidad.
V-Farm* es una pequeña finca agroecológica en el municipio de Tikki, ubicada en la zona rural del norte de Yangon. Fundada en 2017, V-Farm se unió a un movimiento en el que una red de fincas orgánicas operaba bajo un sistema de garantía participativa (SGP). Este movimiento surgió de un programa de liderazgo comunitario iniciado tras el acuerdo de cese al fuego de 1995. La red agroecológica SGP trabaja con el objetivo común de garantizar la seguridad y la salud tanto de las personas agricultoras como de las consumidoras. La red funciona como una plataforma de aprendizaje colaborativo donde el campesinado puede intercambiar conocimientos y habilidades, y conectarse con eslabones de procesamiento de alimentos locales, pequeños comercios, redes de distribución, al igual que consumidoras y consumidores. Al centro de su proyecto está la convicción de que todas las personas tienen derecho a elegir alimentos sanos y nutritivos.
Tras el golpe de Estado de 2021, la red agroecológica SPG se vio obligada a cancelar su registro como organización sin fines de lucro. La inestabilidad política del país, sumada a las interrupciones en el sector bancario, ha restringido considerablemente sus actividades de aprendizaje e intercambio, ya que se bloqueó la mayor parte del financiamiento de la red. A esto se suma el vertiginoso aumento del precio del combustible y las restricciones generalizadas en cuanto a movilidad, lo que obligó a muchas fincas de la red a detener sus operaciones.
Daw*, fundadora de V-Farm, no se desanima y continúa trabajando en su huerto orgánico. Ante la prohibición de la venta ambulante y las dificultades económicas para mantener una pequeña tienda, V-Farm recientemente implementó un sistema de pedidos anticipados en línea para vender sus productos, a pesar de las frecuentes interrupciones de internet y los bloqueos en la telefonía móvil. Para superar las dificultades de transporte, Daw se apoya en el grupo de “ciclistas verdes”, jóvenes que entregan sus verduras semanalmente a la clientela de la ciudad y alivian la presión del gran aumento en el precio del combustible.
Actualmente, V-farm colabora con más de 20 pequeñas fincas de las zonas aledañas para abastecer de verduras a 200 familias. V-farm también adquiere aceite de cocina de productoras y productores de zonas remotas y lo distribuye a sus clientes. De esta manera, V-farm puede seguir produciendo y vendiendo sus productos y, al mismo tiempo, apoyar la economía campesina regional. Estas prácticas garantizan la disponibilidad de alimentos para su clientela a pesar de la falta de puntos de venta donde puedan adquirir productos de primera necesidad.
En medio de la actual crisis, Daw insiste en que todas las personas deberían tener acceso a alimentos sanos y nutritivos, en lugar de simplemente tener lo suficiente para saciar el hambre. Gracias a sus muchos años de experiencia en el sector médico, ha presenciado innumerables casos en los que ningún tratamiento pudo curar la enfermedad de un paciente. Cree firmemente que la falta de alimentos nutritivos es una de las causas fundamentales de muchos de los problemas de salud que afectan a la población de Myanmar, y esta convicción es el eje central de su misión. Su trayectoria médica también le ha permitido crear una sólida red entre diversos hospitales, que incluye a personal médico, de enfermería y pacientes, a través de la cual distribuye sus productos. Además de proporcionar un mercado fiable, esta red ayuda a difundir información sobre la calidad y el valor nutricional de sus verduras. De cara al futuro, planea fortalecer aún más el sistema de «garantía», en el que consumidoras, consumidores, productoras y productores colaboran para evaluar y asegurar la calidad de los alimentos dentro de un circuito de distribución más corto y transparente.
Los repetidos conflictos y la violencia han marcado la historia de Myanmar, interrumpidos únicamente por un período de relativa estabilidad entre 2010 y 2020. Irónicamente, fue durante este tan esperado período de paz que el gobierno de Myanmar abrió el país a grandes inversiones extranjeras en agronegocios y plantaciones para el mercado de exportación, como la producción de banano, lo que contribuyó a aumentar los niveles de endeudamiento entre el campesinado.
Actualmente, tras el golpe de Estado, las interrupciones en el comercio de alimentos a nivel nacional han obligado al campesinado a priorizar su propia seguridad alimentaria y su sustento. Al hacerlo, están empezando a reconocer la importancia de fortalecer los sistemas locales de producción y distribución de alimentos como formas de desarrollar resiliencia ante la inestabilidad y las crisis económicas.
*Los nombres de personas y lugares se han cambiado por seguridad.
--basado en una conversación entre GRAIN y Daw de V-farm
Por GRAIN
De las noticias
#BreakFreeFromPlastic
Los supermercados pueden influir en cómo las marcas empacan sus productos y en la cantidad de plástico a la que las personas consumidoras se exponen al comprar artículos de uso diario. Son actores clave en el ciclo de vida de la contaminación por plástico. Los supermercados tienen una gran oportunidad para ayudar a reducir la contaminación por plástico, pero actualmente han eludido en gran medida su responsabilidad en esta crisis.
¿Has sentido frustración alguna vez por la cantidad de plástico que terminas generando después de ir al supermercado? ¡Únete a una auditoría de supermercados para exigir un cambio de forma colectiva!
Nadia Zahoor, The Conversation
La economía informal es la base de la vida económica cotidiana en África subsahariana. Un grupo de investigadores especializados en emprendurismo con perspectiva de género y economías informales realizó un estudio para explorar cómo las mujeres en Ghana con poca o ninguna educación formal mantienen sus negocios en condiciones sociales, económicas e institucionales adversas.
Sònia Sánchez, Ara
Siguiendo los pasos de Francia y Bélgica, España se plantea ahora la posibilidad de establecer un sistema de Seguridad Social Alimentaria. Según esta propuesta, cada ciudadano recibiría una ayuda pública universal de 150 euros mensuales para la compra de alimentos agroecológicos y de producción local. La iniciativa surge de un informe publicado por la cooperativa El Pa Sencer, que afirma que garantizar el acceso a la alimentación como un derecho básico, al mismo nivel que la salud o la educación, es económicamente viable. Para financiar el programa, España necesitaría destinar 76 mil millones de euros anuales de su presupuesto nacional.
Eirini-Erifyli Tzekou, Degrowth.info
En Grecia, las redes alimentarias alternativas de Tesalónica revelan un principio fundamental del decrecimiento: los sistemas alimentarios pueden diseñarse no para maximizar las ventas y la acumulación, sino para satisfacer las necesidades humanas de manera justa dentro de los límites ecológicos.
Diversas iniciativas comunitarias demuestran esta visión en la práctica. Las cocinas solidarias transforman los excedentes de alimentos en comidas para personas sin hogar. Las cooperativas de abarrotes permiten a su membresía organizar donaciones de alimentos y distribuir cestas solidarias. Personas campesinas comparten productos no vendidos con familias vulnerables.
The Economist
A raíz de la guerra contra Estados Unidos e Israel, Irán se encuentra más aislado que nunca, ya que Estados Unidos sigue endureciendo las sanciones contra cualquiera que le ayude a transferir dinero. Esto obliga a Irán a buscar nuevas formas de pagar los bienes extranjeros que necesita con tanta urgencia. Una de ellas es inundar los países del Golfo Pérsico con frutas y verduras.
La investigación de The Economist sugiere que los productos alimenticios procedentes de Irán se venden en secreto y a gran escala a clientes desprevenidos en todo el Golfo Pérsico, incluyendo países que afirman no importarlos, como Arabia Saudita. La compleja cadena de suministro revela conflictos de intereses en los niveles más altos. Las personas intermediarias se enriquecen mientras que el campesinado local se ve perjudicado.
Stéphanas Assocle, Agencia Ecofin
El gigante francés de la venta minorista Carrefour anunció sus planes para entrar en Guinea y Nigeria mediante acuerdos de franquicia con socios locales. La expansión inicial incluye siete tiendas en Guinea y cuatro en Nigeria, con la previsión de abrir 20 tiendas adicionales en ambos países para 2028. El objetivo de la cadena es ampliar su presencia en África, llegando a 22 países para 2030.