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¿Agua y energía para la gente o para las corporaciones tecnológicas?

by Silvia Ribeiro | 5 Nov 2025


En Querétaro, México, los gobiernos estatal y federal han respondido esa pregunta con los hechos: el agua es primero para las grandes tecnológicas, como Amazon, Microsoft y Google. Después de que otras industrias hayan ido agotando los pozos de agua subterránea y acuíferos de esa región, lo que quede lo dispondrán las titanes tecnológicas globales. Las mismas que controlan más de dos tercios de las nubes informáticas donde va a parar la mayoría de la información digital de las personas, instituciones educativas, de salud, gestión gubernamental y otras. Gran base para sus negocios, que incluyen el apoyo al genocidio en Palestina y el desarrollo de sistemas extremos de vigilancia de la población. (https://shorturl.at/nGItb )

En el último año, tres de las mayores tecnológicas globales, Amazon Web Services (AWS), Google y ahora CloudHq, han anunciado que se establecerán en Querétaro, sumándose a previas inversiones mil millonarias de éstas y otras como Microsoft Azure. Instalan centros de datos a hiper escala, dimensión que requieren los nuevos sistemas de inteligencia artificial.

Los centros de datos son la base física de las nubes de computación y del tráfico digital. La hiper escala implica miles de computadoras conectadas, que demandan inmensos volúmenes de energía constante y agua para enfriar el calor que producen. También son generadores de ruido permanente. Pese a estas condiciones, los centros de datos se instalan en casi todo el mundo sin consulta previa y a despecho del bienestar de las poblaciones locales e indígenas. El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial generativa, especialmente para su uso en sistemas como ChatGPT y similares, ha detonado la multiplicación de centros de datos cada vez más grandes. En América Latina, los principales parques (hubs) de centros de datos están en Sao Paulo, Brasil; en Querétaro, México y alrededor de Santiago, en Quilicura, Chile. Les siguen instalaciones en Colombia y Argentina. (https://shorturl.at/zzO8b )

En todos los países del continente que han alojado grandes centros de datos, las Big Tech reciben numerosas prebendas: exención de impuestos, tierras regaladas o subsidiadas, muy favorables condiciones de acceso a agua limpia y energía, ausencia o escasa regulación y control. Apenas tienen que cumplir con algunos documentos formales (como un manifiesto de impacto ambiental) a los que no se les hace seguimiento ni fiscalización. En Argentina y El Salvador, se les ha invitado expresamente a instalarse, sin condiciones y con múltiples apoyos del Estado. Así, las empresas más ricas del globo se apropian de abundantes subsidios ambientales y del erario público.

En Argentina, el presidente Javier Milei anunció en octubre de 2025 que apoyará con fondos públicos la instalación en la Patagonia de un centro de datos a hiper escala de OpenAI , dueña de ChatGPT. Este proyecto, con un costo estimado de 7 mil a 10 mil millones de dólares, será beneficiario del llamado Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). También está conectado al desarrollo de nuevas centrales de energía nuclear a ser financiadas por el Estado.

Los gobiernos consideran que las inversiones de las grandes empresas tecnológicas en sus países y en especial la instalación de centros de datos es de por sí algo positivo, ya que lo asocian con vincularse a las tendencias tecnológicas dominantes y a las industrias cuyas ganancias han crecido más en los últimos años. Pero las mega tecnológicas apenas dejan ganancias en nuestros países, ya que ni siquiera pagan impuestos y causan enormes costos ambientales y gastos de infraestructura. Aunque prometen que crearán cientos o miles de nuevas fuentes de empleo, esto no se cumple. Terminada la etapa de construcción, los centros de datos no requieren mucha mano de obra y gran parte está automatizada. Incluso sucede lo opuesto: la digitalización de cada vez más actividades industriales, de servicios y gubernamentales, disminuye las fuentes de empleo en los países.

En los últimos dos años han crecido las evidencias y reportes —incluidos los de la ONU— que muestran que los centros de datos son voraces consumidores de agua limpia y de energía. Es el sector industrial que más rápido crece a nivel global en porcentaje de demanda energética. Hasta 2022, los centros de datos de todo el mundo consumían más energía que países enteros de alto consumo como Francia (8vo. en la lista de consumo global). Se estima que en 2026, habrán duplicado tanto su demanda energética como la de agua. Al 2020, la industria digital emitía entre 1,53 y 3,2 por ciento de las emisiones de gases GEI que causan el cambio climático, superando a las emisiones de todo el transporte marítimo o la aviación internacional. Al ritmo vertiginoso de crecimiento de esa industria, ya han superado esos porcentajes con creces. (https://shorturl.at/Hzlhg)

Sus instalaciones requieren acceso a energía constante y barata, así como a enormes volúmenes de agua para refrigeración. Las empresas prefieren usar agua dulce, potable y/o acuíferos con agua limpia, para no tener que procesarla para su uso en la refrigeración constante de sus torres con miles de computadores.

Esto ha significado que disputan el acceso al agua y energía a las poblaciones cercanas, haciendo que los servicios de agua y electricidad de la gente sean peores y más caros. En Estados Unidos, el país con más centros de datos, una investigación de Bloomberg mostró que más del 75% de las ciudades que han sufrido notables aumento de cortes de electricidad y otras disrupciones en los servicios de electricidad, están en un radio menor a 80 kilómetros de algún centro de datos.
(https://shorturl.at/lM7x1)

Este tema, y fundamentalmente la disputa de agua a las poblaciones alrededor de los centros de datos, han causado decenas de luchas, resistencias y protestas locales en Estados Unidos, en Europa y también en Uruguay, México y Chile. Las empresas tecnológicas operan con gran opacidad y en varios países ha sido necesario llevarlas a juicio para que declaren su verdadero consumo de agua. (https://shorturl.at/ZJKy3, https://www.tramas.digital/es/)

En el caso de Querétaro, que es una región árida, el agua que utilizan las industrias proviene en gran parte del acuífero del Valle de San Juan del Río, del que en forma sistemática otras industrias, como la aeroespacial y la automotriz, han extraído más agua que su capacidad de recarga, por lo que hoy tiene un déficit anual de 56 mil 800 millones de litros. Muchos de los pozos de agua de Querétaro están en crisis de abastecimiento. No obstante, sigue siendo de ese acuífero de donde toman agua las empresas, y ahora también se suman las grandes empresas tecnológicas.

Un estudio de SourceMaterial y The Guardian, mostró que las grandes tecnológicas han elegido instalarse en lugares áridos, porque les abarata prevenir la corrosión de sus dispositivos (https://shorturl.at/HvEoB). Además, cuentan con la colaboración de las autoridades para acceder a agua subterránea y/o usar el agua potabilizada de la población. En Querétaro, la aprobación de la ley estatal de servicios de agua en 2022, significó su privatización de facto, por lo que el gobierno de la entidad no considera que deba preguntar a las tecnológicas sobre sus niveles de uso ni tampoco fiscalizar si cumplen con su anuncio de usar sistemas de refrigeración que requieren menos agua (https://shorturl.at/JJkDw)

Como las protestas se han multiplicado, las empresas tecnológicas hacen promesas en México y en otros países de usar otros sistemas de enfriamiento. Pero esos sistemas demandan más energía, lo cual ha llevado a que los centros de datos usen más energía, generalmente de combustibles fósiles, pero también a que todas las Big Tech tengan contratos y/o empujen la expansión de la energía nuclear, otra pesadilla en ciernes. (https://shorturl.at/Cwxam).

Los impactos ambientales, sociales y predatorios de los recursos básicos que conlleva la instalación de las industrias digitales y los centros de datos hiperescalares en América Latina representan una nueva ola de colonialismo disfrazado de "progreso tecnológico", que solamente beneficia a las corporaciones más ricas y poderosas del globo.


Imagen: Ilustraciones de Giovanna Joo aparecidas en Tramas, un proyecto de investigación-acción de la Coalición Feminista Decolonial de Justicia Digital y Ambiental
Author: Silvia Ribeiro
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